
Original, principalmente dedicado a mí y a mi familia, por el aniversario de la muerte de mi abuelo. Un gran hombre, muy sabio y enigmático, al cual más me parezco (O parecía). Unas sucias palabras dedicadas a él.
Aprovecho también de responder al Reto Ilustrado
Carta/Tabla: Solo para originales/Miedos.
Protagonista: Melancolía.
7/Marzo/2001
7/Marzo/2009
Miedo al paso del tiempo
Cronofobia
El tiempo pasa y los párpados me pesan tanto que mis ojos ya pequeños, se ven más pequeños aún. Me saco los lentes y miro el reloj: cuatro de la mañana y dos minutos. Aún no termino el relato por lo que me prohíbo ir a dormir.
El tiempo me molesta, incluso el sonido de las manecillas moviéndose sobre el vacío. Tic, y mi mente te recuerda allá a lo lejos. Tac, y tu imagen se pega a mi piel. Es parecido a una tortura inquisitorial que ya conozco muy bien.
Me confieso, no te molestes en torturarme. Te necesito, escribo en medio de mi relato de manera inconsciente. Pondría a Schumann para silenciar el tiempo, pero escribir de manera ilícita, en medio de la noche es algo que me lo impide. Maldita sea El Tiempo que me separó de ti.
Intento escribir mi cuento para niños, pero no logro ver nada más que mi propio cuerpo envejecido. Los niños son criaturas fabulosas, llenas de pureza y de juventud, pero luego me miro a mi misma; tan crecida y vieja, que comienzo a sentir más rencor hacia el paso del tiempo.
Me levanto de la silla y me alejo de la luz que proyecta la pantalla del computador. De espaldas a mi relato me siento completamente desprotegida de ti. Te escucho allá a lo lejos. Susurrándome palabras de ánimo, susurrándome una canción.
Tic-Tac, Tic-Tac; el sonido es como una canción de cuna o como una melodía ataviada de La Nada; como onomatopeyas escritas con exactitud. El tiempo se parece a ti: siempre tozudo y afanoso. ¿Podrá El Tiempo morir por ser trabajador, tal cual te ha sucedido a ti? Lo dudo.
Él no para de trabajar ningún día a la semana y existe desde la eternidad en mi consciencia. Él desfigura mi rostro cada día que pasa, por la amargura y la tristeza que tu recuerdo me da. El tiempo me arrebata la juventud y las ideas, tal y cual lo haces tú, me arranca la vida.
Detesto el tiempo, farfullo con angustia. Salgo de las sombras y me siento a escribir nuevamente. Las teclas comienzan a sonar y mis dedos se mueven con rapidez:
El gran sol iluminaba la madriguera del pequeño conejo. Estiró sus patas traseras peludas y se levantó. ¿Qué haría aquel día? El conejillo no se preocupó en lo absoluto por aquello, sino que simplemente fue a la pradera a comer florcillas rosadas. De pronto la luz se extinguió y la luna tapó el sol.
Un eclipse solar realmente no es culpa del Tiempo, pero me recuerda a la rapidez con que la tierra gira y el día se acaba para comenzar otro. Tantas vueltas me marean, incluso El Tiempo debiera aburrirse con tanta monotonía.
Se me cierran los ojos y pierdo el hilo de mi relato. Borro el eclipse solar porque es demasiado aburrido para los niños. El reloj marca las cinco y media, y él no deja de hablar.
¿Cuánto habré envejecido en esta hora que pasó? ¿Cuántos pensamientos habrán cargado mi mente? ¿Cuántas células habrán muerto sobre mi piel?
Froto mis brazos para encontrar calor. Te escucho tras de mí, susurrándome tus palabras. Tic: ven hacia mí. Tac: continúo esperándote. Mis ojos se mojan de lágrimas tras el recuerdo de tu muerte. Recuerdo tu funeral; lúgubre y húmedo. No puedo ir hacia allá, susurró ahogadamente en medio de la noche.
El Tiempo se detiene cuando lloro. El Tiempo es un aliado de La Tristeza. A él le gusta escuchar los sollozos de la gente por segundos ilimitados, ver la agonía de los moribundos por días enteros u oler la podredumbre de los muertos.
El Tiempo se detiene y descubro que no puedo continuar aquel relato, ya que tú me lo impides. No puedo sentirme como una niña pequeña, porque mi infancia está marcada por tu muerte. No puedo sentirme inocente, ni amistosa, porque detesto esta vida y deseo estar muerta.
El Tiempo detiene su trabajo y cuando el segundero no corre, siento que el miedo me invade. Siento que me quedo atrapada entre El Tiempo y La Tristeza.
El segundero no corre ya más, no escucho su sonido ni tampoco te escucho a ti.
Miro la pantalla, pero no logro distinguir las letras, miro el reloj y no logro distinguir el minutero del segundero. Te miro allá entre mis sueños, pero no logro recordar tu rostro, ni tu sonrisa. No logro recordarte como quisiese.
Ocho años han pasado y tu nombre ya es casi olvidado por todos. Ocho años El tiempo se ha encargado de ir borrando mi memoria. ¿Cuántos años quedarán hasta que te olvide por completo?
¿Se apiadará de mí El Tiempo? ¿Sentirá lástima de mí, como muchos ya la sienten? El Tiempo no tiene consciencia, él arrasa con nuestras memorias y cuerpos. Tenerle terror al tiempo es algo natural en el ser humano ¿Quién quisiera olvidar a sus seres amados ya muertos o a sus hijos?
No deseo que el tiempo corra ya más, porque no deseo olvidarte, porque necesito no olvidarte. La tristeza me invade y sólo en aquella capsula de aire El Tiempo no corre ya más. La tristeza me asalta robándomelo todo, excepto mis recuerdos, y estoy bien de aquel modo.
Los recuerdos son sagrados, lo más preciado que tienen los hombres, pero están confinados en un lugar demasiado peligroso, expuestos a muchas cosas. Los recuerdos no deberían de estar guardados en la mente, debiéramos guardarlos en una caja de metal.
Los recuerdos desaparecen junto con El Tiempo y es por eso que le detesto. La vida, sueños y anhelos se los lleva El Tiempo. Las sonrisas, amores y alegrías se olvidan con paso del Tiempo.
En cuanto nacemos ya comenzamos a envejecer. Es cosa del Tiempo y ya nos estamos agonizando, allá a lo lejos, solos y tristes en aquel desierto. Es cosa del Tiempo y ya no tenemos memorias, y ya no tenemos a quién recordar.
Es cosa del Tiempo y ya iniciamos a decaer.